Revista Cubana de Ciencias Biológicas, Vol. 3, Núm. 1 (2014)

CARTAS AL EDITOR

Envejecer en Cuba: visión humana de un problema demográfico

Growing old in Cuba: human point of view on a demographic issue 

 

Antonio Julián Martínez Fuentes*  Museo Antropológico Montané, Universidad de La Habana.

 * Autor para correspondencia: ajmf@fbio.uh.cu

Cuba envejece, es cierto, lo constatamos cada día, y se sabe que seguiremos envejeciendo, que según las estimaciones para el 2030 será casi el 30% y para el 2050 38% de la población que esté en esa categoría de edad o censal, o demográfica, que antes llamábamos viejos, ancianos, etc., pero que hoy la mayoría prefiere llamarle de forma mas edulcorada: adulto mayor, tercera edad, juventud acumulada, personas de edad etc. ¿Es que será malo ser viejo? ¿Será denigrante? Demográficamente por lo general se emplea como punto de corte la edad cronológica de 60 años, para marcar el inicio de esta etapa, aunque hay países que toman los 65 años, en Cuba, para algunos propósitos se emplea esta última.

Pero no es mi intención discutir sobre este aspecto de la categorización de las “etapas” de la vida. En fin, “el tiempo pasa y nos vamos poniendo viejos”. Somos una cadena de “etapas” que están muy entrelazadas, etapas artificiales como todas las categorizaciones que se pretenden hacer de los seres humanos, pues cada uno de nosotros en un ser único, con un proceso de crecimiento y maduración bilógica, psíquica, mental, social, etc., particular, propia (en mi criterio no es la unidualidad de Edgard Morin, sino la unimultiplicidad).

Según el censo del año 2012, la estructura por grandes grupos de edades permite conocer el nivel de envejecimiento de la población expresado a través del porcentaje de población con 60 años y más y de otros indicadores que reflejan ese proceso.

El 18,3 % de la población de Cuba tiene 60 años y más, 2 041 392 habitantes y supera en más de un punto porcentual a la de 0-14 años, que es del 17,2 %, con 1 922 562 habitantes. Las provincias con mayor grado de envejecimiento son Villa Clara 21,9 %, La Habana 19,9 % y Sancti Spíritus 19,7 % en ese orden. Según municipios, los más envejecidos son Plaza de la Revolución con un 26,4 %, Placetas con un 24,3 % y Unión de Reyes con un 23,7 %.

Por su parte las edades medias y medianas de la Población de Cuba ascendieron a 38,8 y 39,5 años respectivamente, valores ambos que constatan el proceso de envejecimiento de la población. La relación de población entre las personas de 60 años y más y las de 0-14 años es de 1 062. La más alta en Villa Clara con 1 380 y la menor en Guantánamo con 765 personas de 60 años y más por mil de 0-14.

 Pero no todos envejecemos de igual forma, no hay un patrón único de envejecimiento. Algunos antropólogos argumentan que esto ocurre debido a que la especie humana no ha aprendido aún a envejecer, que aún no está el “programa” en nuestra memoria biológica. Es cierto, cuando miramos antropológicamente hacia nuestro pasado lejano comprobamos que este proceso es relativamente reciente. Lo cierto es que aún el envejecimiento sigue siendo lo que un investigador llamó “una verdadera caja negra”.

Entonces, es un hecho, envejecemos demográfica y biológicamente, y es ciertamente un logro de la humanidad, un logro de la especie, pero es también, como se ha señalado: un desafío, un reto, para todos los países, pero fundamentalmente para nuestro tercer mundo. Cuba envejece, pero envejece sin la base económica con que lo hicieron los países europeos, por ejemplo, entonces el reto para nosotros es doble; quizás triple debido a que hemos perdido en buena medida la cultura de respeto al anciano que antes existía. Cultura que por lo general tiene su más alta expresión en muchas sociedades de África, Asia y América Latina y El Caribe, donde se venera la experiencia, la sabiduría, el conocimiento acumulado.

¡Es cierto que nadie quiere morirse, pero nadie quiere llegar a viejo! Hay un problema ético que es fundamental: ¿Vivir la mayor cantidad de años posibles sin tener en cuenta las condiciones en que se envejece? O ¿vivir una cantidad de años razonable (¿cuántos?) pero con una buena calidad de vida? Repito, este es un problema ético para el que cada uno tiene su respuesta.

Cuba envejece, pero se aprecian incomprensiones para con los ancianos, irrespeto, maltrato, abuso, calamidades. Diversos estudios realizados por estudiantes e investigadores así lo demuestran. Hace mucho tiempo que se implantó un término para calificar las actitudes prejuiciosas, los estereotipos y las discriminaciones hacia el anciano, este es VIEJISMO. Nuestra sociedad ya lo padece, quizás no en una situación alarmante pero ya se aprecia entre nosotros.

La gerontofobia, el miedo a envejecer, es más abundante, los medios tienen una gran responsabilidad en esto, pues los patrones de belleza pocas veces son de las llamadas “personas de edad”. El patrón de belleza, de éxito es una/un joven, además casi siempre de piel blanca (aunque ya este es otro tema para analizar). La vejez no es una enfermedad, a pesar de que muchas estadísticas parecen decir lo contrario. Cada “etapa” de la vida tiene su “patrón” o su perfil de los procesos de salud-enfermedad. Envejecemos en una sociedad determinada, en una cultura determinada, en una economía determinada, estos son varios de los tantos elementos que modulan la calidad del envejecimiento. Hay que buscar en los genes, no podemos obviarlo, pero resulta más fácil acceder a las condiciones de vida, al ambiente en que se envejece.

Cuba envejece, y urge considerar los aspectos espirituales del envejecimiento, la recreación, la superación, el diseño de nuestras instalaciones y las llamadas barreras del diseño en los ómnibus, las casas, las dependencias, oficinas, etc. en fin, se precisa “diseñar” un mundo que no esta pensado para viejos; donde se rompan también las barreras mentales (lo más difícil). Debemos prestar extremada atención a la ecología del envejecimiento, aprender a envejecer desde pequeños. Cuidar ese anciano que “está por nuestras calles y que a veces está muy tenso, que a veces está muy incomprendido por la familia, por la sociedad…” Considerar esta ecología desde las creencias, los valores, las actitudes, las intenciones, los mitos, los deseos para proponer estrategias de acción con el medio ambiente donde se desenvuelve el adulto mayor en un contexto “glocal” humano.

En pocos meces arribaré los 70 años y muchos amigos se interesan por saber hasta cuando seguiré trabajando; muchas veces, en tomo de broma, respondo que eso depende del transporte, pues no deja de ser cierto que llegar diariamente a la barriada de El Vedado desde donde vivo es otro gran desafío (una de las tantas barreras). En este justo momento no puedo decir hasta cuando trabajaré, aún me siento productivo, no voy a decir lo clásico que “… aún con una mente joven” pues para mi es una de las manifestaciones del viejismo. El mensaje es este: “Yo estoy viejo (eso es malo) pero mi mente esta joven (eso es bueno)”. Tenemos mucha exacerbación de lo juvenil, y es cierto, los jóvenes tienen que tener su lugar, tiene que ser oídos, tienen que ocupar responsabilidades; pero esto no es una competencia, ni una carrera inter-generacional, es una cooperación inter- generacional.

Quisiera jubilarme a los 80 años, pero creo que para ese momento ya el estado de funcionamiento de algunas de mis articulaciones no me permitirán seguir subiendo las agotadoras escaleras de mi centro laboral. Por otra parte no se puede obviar el aspecto económico, pues con nuestros salarios y los precios de nuestra canasta básica total (que no equivale a lo que adquirimos por la libreta o cartilla de racionamiento) cuesta mucho trabajo planear un proyecto de vida, ni siquiera a mediano plazo. Hay que sopesar, en términos tangibles e intangibles, cuanto se pierde y cuanto se gana con esa decisión.

Cuba envejece, pero tenemos que tener una tropa de ancianas y ancianas lindos, aguerridos (no es una broma, sería de muy mal gusto), respetados, orgullosos. Ancianas y ancianos que de niños eran “la esperanza del mundo” al decir de nuestro apóstol José Martí; ancianas y ancianos que deben ser “tratados como seres humanos”, no como una simple acumulación de años, o un simple dato estadístico con fines diversos.

La forma en que los cubamos sigamos envejeciendo será otra cara de nuestro proyecto social. “Un pueblo que no ame sus niños no tiene futuro, el que no ame a sus ancianos no tiene historia”

“En Cuba, las cifras y circunstancias obligan a trazar estrategias, a poner la mira sobre las canas que crecen, a establecer prioridades y escenarios donde los abuelos puedan disfrutar de una buena calidad de vida. Hasta este minuto hemos referido estas vitales condiciones materiales pero aquellos sentimientos del alma no resultan menos importantes.”

“ Los ancianos, esos que a menudo nos tropezamos en la calle, con los que convivimos en casa necesitan más ayuda que la de un bastón y alguna compañía en el banco del parque, mientras repasan los años que han transcurrido. Un techo seguro y la alimentación adecuada resultan tan importantes como el cariño de cada día, el respeto, la dedicación, el beso de cada mañana, las buenas noches y los deseos de que sigas bien. Caminamos hacia un envejecimiento acelerado, y las estrategias para un futuro mejor deben, tienen que marchar de la mano con el corazón.”

Lamentablemente en algunos lugares “se les arrincona como ciudadanos acabados y desprovistos de toda utilidad pública, al mismo tiempo que se les adoctrina para que se aparten del mundo… hasta que la muerte venga por ellos”.