Antonio J. Martínez Fuentes*

Museo Antropológico Montané, Universidad de La Habana

Una experiencia en São Paulo

En enero de 1995, con la impartición en La Habana de un curso  sobre Ecología humana, por la profesora Alpina Begossi, se dio inicio a la colaboración científica entre el Núcleo de Estudios y Pesquisas Ambientales de la Universidad Estatal de Campinas (NEPAM) y el Museo Antropológico Montané de la Universidad de La Habana.

En 1996 y en virtud del convenio existente entre ambas universidades y con el apoyo financiero del CNPq de Brasil, tuve la oportunidad de realizar una estancia en el referido centro  para desarrollar un trabajo investigativo con el objetivo de evaluar respuestas adaptativas, de índole morfo-fisiológicas, a las condiciones ambientales en que se  desarrollaban  los niños, jóvenes y adultos de un asentamiento rural.

El lugar seleccionado para realizar el trabajo de campo fue la comunidad pesquera  Playa de Puruba, situada en la zona del litoral norte del municipio de Ubatuba, Estado de São Paulo a nivel del km 24 de la carretera Río-Santos (BR-101), zona que es parte del Parque Estatal de la Sierra del Mar. Esta área está habitada fundamentalmente por Caisaras, grupo étnico que se originó de la mezcla de indígenas y portugueses básicamente y en menor proporción de africanos negros, y que han dependido tradicionalmente de la pesca y la agricultura para la subsistencia. En Puruba permanecí desde el 18 de marzo al 6 de abril de 1996, conviviendo con los habitantes de la comunidad.

Paralelamente se llevó a cabo una encuesta antropométrica en la escuela pública rural de nivel primario, muy próxima al núcleo habitacional antes citado, que recibía, además de los alumnos de la Playa de Puruba, otros de comunidades cercanas como  Fazenda, Promirín, Ubatumirín, Cambucá, Camborí, Almada, Sertão de Puruba y Picinguaba. Esto nos permitió obtener una valiosa base de datos con vistas a conocer, por primera vez, las características antropológicas de los habitantes de la  zona.

En Puruba habitaban en aquel entonces un total de 67 personas, y en la escuela fueron estudiados 167 alumnos comprendidos entre 3 y 18 años de edad.

Fue evaluado el desarrollo físico de todos los individuos a través de la toma de  diversas dimensiones corporales como el peso, la estatura, circunferencias y panículos adiposos, entre otras. Se determinó la edad media de aparición de la primera menstruación así como de la menopausia. La evaluación del estado nutricional se efectuó a través de la relación peso para la estatura y del Índice de Masa Corporal, registrándose también el consumo de alimentos en las últimas 24 horas, la tensión arterial, la frecuencia cardiaca y las enfermedades padecidas.

Se estudio la composición de las 16  familias existentes en Puruba, el número promedio de hijos, el historial reproductivo de las mujeres, la edad media de unión, el tiempo de lactancia, el lugar de nacimiento de cada individuo,  el grado de consanguinidad, la actividad ocupacional, los ingresos económicos, el nivel de escolaridad, la disponibilidad de electricidad, los medios usados para la cocción de alimentos, las características de las viviendas, la disponibilidad de agua, entre otras numerosas variables propias de este tipo de estudio. El entorno ecológico ya había sido estudiado por otros investigadores del NEPAM que me habían precedido.

Con relación a la calidad de vida prevalecientes en la zona, apreciamos que son las típicas de una población rural cuya característica media es la de pertenecer a un estrato socioeconómico bajo y donde se observan condiciones desventajosas muy extendidas. Indiscutiblemente que ello conlleva situaciones que no son idóneas para el crecimiento y desarrollo infantil. Casi siempre es el caso que la pobreza esta asociada con bajos niveles de educación, familias extensas, altos tasas de enfermedades infecciosas, deficiencias nutricionales, viviendas inadecuadas, incremento de la mortalidad, etc.

Un entorno agresivo deprime, posiblemente de por vida, el desarrollo infantil, hace penosa la existencia y limita posteriormente la oportunidades como adolescentes y adultos, pues se originan individuos con numerosas limitaciones en su capacidad productiva y  en el desarrollo cognoscitivo, factores que luego repercuten en el mantenimiento de la pobreza, impidiéndose que se rompa ese siniestro círculo vicioso donde  los pobres son pequeños por ser pobres, pero también son pobres por ser pequeños. Los patrones de crecimiento ofrecen importantes  evidencias sobre la calidad de la vida y la eficacia de las medidas diseñadas para mejorarla.

Como expresó la colega Leticia Artiles: “Las interacciones de las personas con el entorno en que se desenvuelven, intervienen en las formas de comportamiento, en el equilibrio de su medio interno orgánico y psicológico. El proceso de esta homeostasis, puede expresarse en formas inadecuadas de los procesos biológicos y de reproducción de la conciencia y de la conducta de las personas.”

El estado biológico de las poblaciones humanas resulta también  la expresión de desigualdades sociales históricamente acumuladas.

Mis vivencias y experiencias en Puruba  fueron numerosas, en primer lugar por ser una persona ajena a la comunidad, extranjero en el doble sentido,  que ingresó en ella repentinamente y les hacía preguntas de todo tipo sobre sus vidas, les tomaba medidas del cuerpo, además de conocer muy poco el portugués. Existieron barreras iniciales en la comunicación que impidieron que el trabajo marchara según lo previsto. Tenía que ajustarme además a sus costumbres, participar de sus actividades, jugaba dominó en las noches e incluso en una actividad dominical llegué a participar en un encuentro de fútbol, deporte que no es de mi preferencia. Recuerdo también que tuve hasta la oportunidad de disfrutar del maravilloso espectáculo de un eclipse de luna.

Al final de la estancia ya era uno más de la comunidad y la despedida fue triste y les confieso que recuerdo con mucha nostalgia aquellos días y vivencias.

 

 

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